Novedades: Una incubadora de actividad empresarial social


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Un proyecto del FOMIN, en colaboración con NESst, ha impulsado la sostenibilidad financiera de 150 organizaciones de Perú, Argentina y Ecuador

En tiempos de crisis, las organizaciones de la sociedad civil se enfrentan a un doble reto. Por un lado, la crisis económica provoca que el número de personas demandantes de sus servicios aumente. Por otro, los recursos financieros disponibles disminuyen debido a la reducción de fondos públicos y a la escasez de donaciones privadas. Sin embargo, hay organizaciones que consiguen sobrevivir a entornos complicados, en gran parte gracias a una palabra clave: la sostenibilidad.

La Morada es una ONG chilena que trabaja en el ámbito del género, los derechos humanos y la violencia doméstica. Tradicionalmente dependía de las aportaciones provenientes de la cooperación internacional, pero a mediados de los años 90 comenzaron a quedarse sin fondos. Cuando la sostenibilidad financiera de la organización comenzó a estar en entredicho, la ONG se incorporó al Fondo Nido, una iniciativa de la organización NESst (NonProfit Enterprise and Self-sustainability Team) y del FOMIN. A través del asesoramiento del Fondo Nido, la organización lanzó un servicio de asesoramiento psicológico para víctimas de la violencia de género y, como actividad complementaria, utilizaron su experiencia en este ámbito para ofrecer asesoramiento psicológico a clientes con mayor poder adquisitivo. “Gracias a los fondos recaudados con esta iniciativa, la unidad se volvió auto sostenible a nivel financiero casi al 100%” relata Gonzalo San Martín, coordinador de proyectos de NESst.

Replicar este éxito en otros tres países sudamericanos es el objetivo de este innovador proyecto apoyado por el FOMIN . Como apunta Carolina Carrasco, especialista de la institución en Chile, “con este proyecto intentamos que, a través de acciones complementarias a lo que es su misión social, estas organizaciones se vuelvan mas sustentables financieramente. Este proyecto constituye una iniciativa de lo más pertinente, sobre todo en una época en la que los recursos para estas organizaciones escasean” continúa la especialista. Perú, Argentina y Ecuador son los países beneficiarios de esta iniciativa que apoya a 150 organizaciones de la sociedad civil con muy distintos objetivos y misiones: desde la enseñanza de música a niños y niñas con pocos recursos económicos del Perú hasta la búsqueda de empleos dignos para trabajadoras domésticas en Ecuador.

Una metodología innovadora

El Fondo Nido cuenta con una metodología propia muy estructurada. “En primer lugar se realiza un concurso de actividades empresariales sociales, donde se seleccionan los mejores planes de negocio y se evalúa su potencial impacto social” relata Gonzalo San Martín. “Normalmente se seleccionan organizaciones con cierto recorrido que se encuentran inmersas en una ampliación o consolidación de su proyecto. Se requiere que sean organizaciones sin ánimo de lucro y que no tengan un carácter religioso proselitista. De resto, somos muy abiertos en la selección, y buscamos fundamentalmente organizaciones que propongan nuevas maneras de plantear los problemas a resolver” continúa el coordinador.

Según Maria Victoria Sáenz, especialista de proyectos del FOMIN, “durante el diagnóstico detectamos que estas organizaciones tenían grandes carencias en habilidades gerenciales, en el desarrollo de sus planes de negocio y, en definitiva, dificultades para recaudar y gestionar fondos propios que posibilitaran su funcionamiento a largo plazo. El proyecto les ayuda a prepararse para que su actividad social se siga cumpliendo, pero a través de una actividad empresarial social. El Fondo Nido y la metodología de NESst constituyen una especie de social venture fund, un fondo de capital social.”

Capacitados para triunfar

Con esta idea en mente, la iniciativa ofrece a las organizaciones beneficiarias apoyo y servicios financieros y de fortalecimiento institucional. “Apoyamos a las organizaciones durante tres años mediante actividades de consultoría, que incluyen seminarios de comunicación estratégica y una herramienta de administración de desempeño que ayuda a las ONG a hacer una práctica de monitoreo de su impacto en cuanto a su actividad empresarial social. Además, mediante el impulso de la actividad empresarial social, se estimula a la organización a avanzar en su propio desarrollo institucional” comenta Gonzalo San Martín.

Y es que el cambio no se ha hecho esperar y el porcentaje de organizaciones que están implementando con éxito los cambios nacidos de este proceso está siendo elevado. El proyecto continua en ejecución, por lo que aún no existen cifras concretas sobre los resultados de esta iniciativa pero, como concluye María Victoria Sáenz, “Gracias a las capacitaciones brindadas por esta iniciativa, muchas ONG son ahora capaces de diseñar un plan de negocio y de presentar un proyecto ante una junta directiva de posibles donantes. Con ello, muchas han conseguido captar fondos de empresarios privados y para nosotros, esto supone un gran éxito, porque nos hace pensar que el impacto en su sostenibilidad financiera se prolongará más allá de la duración del proyecto.”

EL PROYECTO EN CIFRAS

Entre 2007 y 2008, 150 organizaciones tomaron parte en 52 actividades de capacitación organizadas en tres países distintos.

Un total de 82 organizaciones participaron en talleres para mejorar su capacidad para desarrollarse en el ámbito del empresariado social.

Los talleres convocaron a 46 expertos del sector de las finanzas y los negocios, 27 organizaciones de apoyo y 26 potenciales organizaciones donantes.

Gracias al proyecto se publicaron 14 estudios sobre experiencias de auto financiación y sobre el marco legal de las organizaciones en la región. Las publicaciones fueron presentadas y distribuidas en actividades promocionales para el proyecto alcanzando a más de 1000 personas.

Como resultado del proyecto, las organizaciones han incorporado conceptos empresariales y nuevas herramientas administrativas en sus prácticas, mejorando sus capacidades organizacionales y de gerencia. Además, han mejorado su capacidad de influencia en el debate de las políticas públicas incrementando con ello su impacto social

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